España es, según la OMS, el país con mayor esperanza de vida saludable de Europa. La dieta mediterránea explica una parte. La otra —probablemente mayor— se llama vínculo.
Las lecciones de los muy mayores
Los estudios sobre los habitantes de Ourense, los pueblos del Maestrazgo o las aldeas de la Alpujarra muestran un patrón común entre los centenarios: nunca dejaron de pertenecer. Siguieron acudiendo a misa, a la partida de dominó, al banco de la plaza. La rutina social actuó como gimnasio cognitivo.
El efecto Roseto, versión ibérica
En los años sesenta, los investigadores quedaron perplejos al descubrir que los habitantes de Roseto (Pensilvania), inmigrantes italianos con dieta y hábitos poco saludables, vivían mucho más que sus vecinos. La única diferencia era la cohesión social. Décadas después, España replica el experimento natural: pueblos con bares llenos y plazas vivas envejecen mejor que urbanizaciones cerradas con gimnasio en el sótano.
«La biología del vínculo es más fuerte que la genética del aislamiento». — Mario Alonso Puig
Qué retener
Longevidad no es solo añadir años: es añadir presencia a esos años. Y la presencia se cultiva en compañía.